"Actualizar más tarde". Todos hemos pulsado ese botón. Pero esas actualizaciones que posponemos son, muchas veces, lo único que separa a tu empresa de un ataque. Te explicamos por qué importan tanto.

Qué hay detrás de una actualización

Además de novedades, la mayoría de las actualizaciones corrigen fallos de seguridad que se han descubierto. Cuando un fabricante publica un parche, también se hace público qué fallo arregla, y los atacantes corren a aprovecharlo en los equipos que no lo han instalado.

El dato clave: una parte enorme de los ataques con éxito aprovechan fallos ya conocidos y corregidos, en equipos que simplemente no se habían actualizado. Es decir, ataques que se podían haber evitado pulsando "actualizar".

Qué hay que mantener al día

  • El sistema operativo (Windows, etc.) de equipos y servidores.
  • El navegador y los programas de uso diario.
  • El antivirus y sus definiciones.
  • El firmware de routers, firewalls y equipos de red (lo más olvidado).

El problema de los equipos antiguos

Un sistema que ya no recibe actualizaciones (porque es demasiado antiguo) es un riesgo permanente: cada nuevo fallo que se descubra ya no se corregirá nunca. Llega un punto en que mantenerlo sale más caro (en riesgo) que renovarlo.

Cómo gestionarlo sin volverse loco

En una empresa, depender de que cada empleado actualice su equipo no funciona. Lo eficaz es gestionarlo de forma centralizada (por ejemplo con un sistema RMM) que aplique y verifique las actualizaciones en todos los equipos a la vez.

En resumen

Actualizar no es una molestia, es una de las defensas más baratas y eficaces que existen. La próxima vez que aparezca el aviso, recuerda que probablemente está cerrando una puerta que alguien podría usar para entrar.

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